Búsqueda personalizada

09/11/09

Cuando las almejas cierran




Adentro o afuera del cosmos, de la almeja; afuera y adentro, libre y cautivamente cuatro partes de un supuesto universo atraviesan etapas. Con ansias y tratos no siempre hallados; ni mancomunados como su inicial idea que acerca de la unión han tenido. Y creen en ser protagonistas de sus propias decisiones cuando, por sucesos intuidos y tan ajenos como las mismas incomprensiones, dudan. Y hasta llegan a considerar benéficamente atroces acontecimientos, y polémicos por desconocidos.

06/11/09

Descalza zapatilla




Caminaba;
andaba descalzo, caminaban sus pasos huellas hasta reconocerse perdidas en instantes.

Caminaban sus caminos sendas olvidadas sobre caminatas donde caminaba.
Los rastros eran memoria,
eran recuerdos del presente pasado olvidándose durante futuros:
infinitud caótica reanimándose en tiempos impredecibles con predilección subjetiva entre objetivas situaciones desconcertantes concertándola disuasiva caminata.

Andaba descalzo;
caminaba intactamente perdiéndose y conociendo rastros de pasos caminados.

Andaba, ¡anda!
¡Trepan sus huellas las escalinatas de un perfil díscolo!, inconceptual por serlo.
Camina, descalzo caminan sus cordones una zapatilla que será andada por suelos caminantes.


Potencial farístico



“Por el amor de los faros.”


Entre mareas iluminan con rumbos los lineamientos a seguir. Debajo de cada ola, y sobre superficies donde tempestades nauséan ante rugimientos por luces dadas. Debajo y sobre, entre océanos de intemperies donde desconcertadas fragatas temen naufragar.
Soy ese faro, firme brújula, tenaz edilicio orgánico en perpetua contemplanza ante los divagues de aguas siempre movedizas; y nunca, jamás pacientes como tenues lagos donde poder asimilarse aquietadamente. Porque si bien esta labor es iluminar disidencias y desmanes ocurrentes cuando marinos se libran para auxiliarse con arribos socorrísticos, podrían haber optado no serlo, navegar donde no hubieran mareas; y sobre calmas climáticas darse hasta que viajes y libertades no se contrapusieran ante conflictos irremediables. Pero faro soy. Uno más sobre su orilla, ante la vacuidad de miramientos de quienes prefieren atravesar abismos sabiendo qué podría sucederles. Aunque no, nunca, cómo librarse sin riesgo alguno. Ni siquiera cuando ahogos de por medio puedan extinguirlos. Ni siquiera sabiéndose vulnerables plenamente por decisiones naturales: agua sobre aguas componiéndose aguacerío sobre un fondo sobre sus propios fondos destemperando torbellinos en tremendez armónica.
Soy ese faro, ese que está debajo de los cielos y sobre tierras donde la frontera es desmán en simples orillas con convulso vaivén; siempre yendo hasta venir, en continua demostración formulándose perpetuidad de hegemonía oceánica.
Soy ese faro, un objeto tan solo, tan distante –aunque útil-, soy esa imprescindible construcción humana ante humanas apariciones revelándoles rumbos para no olvidarse ni perderse entre mareas.
Soy un faro, potente, y tanto como para que nada disuada las fragatas. Permitirles su arribo, su navegar: hacérselo.
Y desde mareas los navíos habían llegado hasta su puerto. Habían estado bajo tempestades y compulsivamente desanimados por temores que aguas doblegantes hacían por doquier. Cada barco había llegado a su puerto, cada viajero a su hallazgo. Cada rumbo a su destino: toda búsqueda fue encuentro.
Había hecho la luz potencial librada desde mí, rutas sobre inclemencias; caminos para desahuciados y sendas para presas de ahogos. Había no solamente guiado a los navegantes; sino a las mareas, a los vientos, a los vendavales. Y sólo para impedir que aguas disuadan los destinos propios, decididos por cada uno. Aunque hayan sabido, aunque hayan considerado irremediables accidentes por delante.
Había sido ese faro, movimiento de subidas y bajadas, templador de huracanes y acallador de furia ventosa. Lo había sido, lo fui. Lo fui hasta que habían comprendido que sólo dejando objetos sobre aguas siendo faro podría guiarlos, encauzarlos simplemente ordenando aquellos océanos ya domados.
Solamente un faro fui; un objeto: elemento construido, diseñado y elaborado para compenetrarme con otros objetos dándoles rumbos a seguir, continuar y hallarse linealmente contenidos.


01/11/09

Contornos de sed



Bordea toda sinuosidad un espasmo hallable,
limítrofe por parcelado por ahíto por desesperación aguardando.

Pero tendrás imposibles,
obteniéndote capaz entre fronteras claustrurándote.
Pero tendrás cauciones,
apresándote furia desatinada adentro como vidrios estallando al vapor de esa combustión.
¡Detendrás lo indetenible!,
lo imprevisto cuando te sorprendas con sedes compiladas sobre vasos en tu ansia mediada.
Y avanzarás retrocediendo adelantándote cuando te encuentres amparado y libre,
libertario y acompañado.

Aquellos anhelos, tus hambres fueron;
esas disuasiones, acervadas, desérticas guarniciones procuraron alentarte;
esos esperandos, esos bordes donde caído te olvidaste visionándote creyente,
¡contornos de sed!,
simples inclinaciones siendo toda sequía impulso mismo.


30/10/09

Tono implícito



“Ying y yang”.


Explícitamente lo recuerda en blancos y negros patentes. Reviven insinuaciones su emblema tonal; claroscuros, límites: extremos. Aunque simbolice fronteras con nimios despuntes de equilibrio, una estática simbolización resguarda al verlo añejo y eterno.
Pero ni siquiera sus elementos pueden devolverle apenas conformidad mientras persiste su intento, su añoranza para querer revelarlo; verlo tanto quieto como en movimiento: libre. Entonces se presenta adelante, lo observa y analiza. Estudia variaciones para comprender si es que ciertas implicitudes debajo contenga, mantenga. Ve su libertad aquietada, aunque su cautividad respaldada durante siglos de acuerdo a costumbres, tramas educadoras y tradiciones inexorablemente respetándolo.
Pero insiste. Está inquieto, caviloso y dubitante: está contemplándolo. Y lo ve adelante. Lo escruta desde varios aspectos: desde el suyo, y del de aquellos. Y quizás hasta remueva su impasibilidad por no poder hallarlo acertado mientras quieto esté. O tal vez modifique su misma apreciación revolviendo su mirar hasta saberse librepensante con una cuota de tergiversada movilidad.
Se revolucionarán sus sentidos. Verá lo oculto, esoterismos adentro explícitos aunque por afuera inaparentes. Verá su apreciación la fisonomía jamás hallada, ni posible para verificar; porque serán siempre las suyas esas opiniones amparadas sobre ansias revelatorias, audaces.
Nunca podrán contrariarlo, ni oponérsele. Hará un análisis, un decodificado vislumbre sobre esas parcelas inmóviles donde muertos tonos se comparten tan sólo con un punto demostrando el equilibrio ideal cuando la realidad es y será –como lo ha sido- siempre continua, activa, en movimiento perpetuo.
Se resolverá recordándolo asimismo latente y patente, ideal y real. Reconocerá ambivalencias cuando en frente lo vuelva a ver; pero hasta que rememorice, lo recomponga y se establezca analítico como hombre racional atravesando mileños mediante esa atrevida posición.
Será un gris lo que siempre volverá a ver cuando detrás de blancos y negros la mezcla funda la vitalidad oculta del emblema; siendo implícita realidad, aunque explícitamente demasiada ideología demuestre.
Será su recuerdo el esfuerzo por querer descifrarlo, desmitificarlo y ponderarlo como un aprendizaje que solamente a él sirva, retribuya, aunque con tono implícito.



Claro llanto



Lágrimas opacas refunfuñen destempladas:
llanto derramándose,
llanto irreincorporable, llanto sangrando.

Toda lágrima estruende en su caída.
¡Es voz! ¡es desespero!:
caídas desde ojos sin pupilas sin iris sin verse llorante.

Toda lágrima contagia vértigo;
su derrame y su quiebre,
su desalme y su implorancia:
humanismo.

Desde oscuras agonías refunfuñó lagrimeando;
hasta saberse templada fraternidad buscando un hueco donde verterse.
Y no para ceder, ni para prohibirse;
para denotarse gruño lagrimeando hasta claras esperanzas,
para despertarse gruñendo con clarividencia hasta reconocerse solamente llanto,
y nunca desesperanza.


26/10/09

Ojo de tormentas



Sabrán de quien como montaña sin ver abrirá tempestades. Furias inclementes de caídas inusuales, lluvias de miradas con gotas ovales. Lo supondrán calamitoso y sin vista, e inactivo por pasividad móvil. Las sospechas mermarán sentencias acerca de quién será consumándolo ajeno.
Abrirá, cerrará; sus visiones despertarán huérfanos desde tumbas con padres, y una molicie despótica resultará inadecuada mientras sobre él se incline. Sin cerramientos parpádicos; con plegarias frenéticas con euforismos coléricos, sin cerrar ojos abrirá uno por vez. De a uno –únicamente-; solamente sólo abriéndolo mientras cierre el otro, cesarán sus conocimientos lo hasta allá conocido.
Se deshacerán dudas cuando adelante suyo lo comprendan irreversible, sin vuelta sobre sí ni retroceso posible. Se revelará una condición tremenda por haber pronunciado mediante sílabas, oraciones compuestas entre cejas y sin luto, por inmerecerlo.
Las vistas recaerán cuando abra, cuando eleve, al ver ese entorno siempre imperceptible por padecer ceguera; aunque rengue su imprudencia ocultándole imágenes de un futuro enarbolado sobre presagios. La visión, la plenitud, hará desmanes jamás comprendidos aunque dentro de una fatalidad mítica sean probables. La vista, su vista hará. Hará lo suspenso hasta ese entonces, mientras se descompongan realidades comunes allá desde este acá entendido por mí, por nosotros.
Abrirá un denuedo sin réplicas ni contrandanzas, sin resquicio, sin temor. Abriendo solamente un párpado a la vez sabrá que al abrir ambos caerá el resultado.
Ambos abiertos: un océano de ojos cayendo desde arriba hasta abajo para verlo sin pupilas: un hombre que no podrá ver la rebelión de miradas. Se aquietará cuando intente dilucidar –en vano- las ininterrupciones tempestuosas: tormentas de ojos tronando sin párpados para verlo.
La apertura del cielo dejará parámetros acerca de la inmensidad cuantiosa cayendo desde multitudes para multiplicar ojos sobre su entorno que será un paisaje nunca sabido. Caerá una apertura, un múltiplo infinito de caídas desde un abanico balanceándolo mientras nada sepa ni quepa ante sus percepciones sino ruidos, como si gotas fuesen las ovalidades caídas.
La destitución de nubes despertará ilusiones por un mundo con días con noches siempre presentes, aunque nadie vea allá; mientras solo quede siendo último visionario sin ojos aunque hacedor de esta respuesta, ante órganos que nunca tuvo ni tendrá; aunque estarán a su alrededor disponibles.
Por más que desee recomponerse, no podrá. Por mayores bienes que desee; por más anhelos que ambicione, nunca podrá saber (es ciego) de ojos a su alcance.
Ambos abiertos abrirán mayores cielos decorándolo con cercanías pese a la azarosidad de tormentosos revuelos tronándolo por doquier; mientras en nada pueda sujetarse, en nada asirse ni aprehenzarse: desconocedor de su producto esplendoroso, darse ojos para verse o ver.
Ambas ambiciones, su querer ver aunque ciego y el brinde de ojos, serán irrencontrables cuando una carencia es sólo falta. Cuando una merma es fatalismo, y nunca reemplazable: irremediable.
Jamás un rencuentro será posible, una ubicación que le dé ojos. Nunca podrá tenerlos porque no los verá ni estos se le acercarán. No los sabrá existiendo aunque los oirá cayendo aunque desconociéndolos. Sabrá sobre tormentas, solamente; tempestades mientras sólo oiga, y crea en una mera casualidad: cuando por abrir párpados tronarán caídas sin agua, y por esto sospechable.
Nunca creerá que habrán ojos para emplearlos para mirar cielos sin nubes tormentando curas para sanarlo. La conexión será hecha, pero no entendida. La resolución existirá; y la donación, asimismo se habrá completado. Pero distante: real aunque alejada como lluvias de ojos cuando siempre son de agua.
No habrá hallazgo. Solamente piezas inconectas en un mundo azaroso por ineficaz; pero mancomunado al oírse y lamentarse dándole lo que pudo; su falta para quien sin ojos sabrá abrir cielos abriendo tormentas abiertas hasta rociarlo.
Abrirá un mundo comprometido cuando nadie lo acompañe por no poder auxiliarlo ni socorrerlo. Los demás podrán ver ojos cayendo, y un hombre con párpados sin ojos. Pero no sabrán su hecho: nexo causal.
Abrirá un abismo que será estropicio por irresoluto, por ineficaz e inservible. Abrirá un cielo fluido con lavas de pupilas quien continuará siendo quieta montaña sin aguas.


23/10/09

Ninguna de sus partes



“Plano y volumen”.


Renuncias por síntomas absolutos intensifican sus saturaciones. Por haber existido el blanco, cuando el negro asimismo eclipsaba siempre tinturas de su espacio. Por ser opaco y brilloso, claroscuro determinante rotundamente en sí: en todo.
Clama por dimensiones mientras por delante un disco lo descubre solitario. Es un plano filoso, corpóreo. Es una silueta definida, convincente; aunque relativa frente a la composición que lo instituye siendo absoluto, como hecho aislado hasta este momento indetenible. Y no por sus ansias de retrocederlo, de hacerlo desaparecer, no; en cambio, porque ese momento debía suceder. Y debe reconocerse auténticamente, como establecido según reglamentaciones que régimenes de otra región, de otros órdenes han determinado. Sin embargo lo observa juiciosamente: un disco nunca ha devenido, jamás ha sido por él visto. Y ve en éste, analiza sus módulos, ve y consuela la aparición hasta convencerse e intenta comprender sus propósitos.
No es que alguna de sus partes -la blanca, la negra-; no es por esta cualidad que teme o le aberra este surgimiento, porque nada ha hecho aún. Siempre él será saturado tinte extrapolar, desde un extremo hasta otro. Desde uno hasta otro y sin matices. Seguirá siendo saturación convencida mientras rocía los ámbitos ante ese disco surgido.
Se restriega desde diversos ángulos. Varía de posiciones, cambia de aspecto hasta definirse inmóvil y monótono. Pero: es ágil, es fluctuante y modificable: plato horadado desplazándose desde un límite hasta otro: desde claros hasta oscuros.
Mientras los deslices encaminan movimientos; mientras que sus apariencias se relamen ante la inocente atención del renunciante (por existir aisladamente, por desconocerse compartido), no había sabido acerca de una esfera detrás.
Ahí había estado, desde siempre –aparentemente-. Había aguardado oculta, apenas perceptiblemente.
A diferencia del plano, aunque éste posea cierto volumen, ésta contiene mayor dimensionalidad, mayor cuerpo mayor espacio: uno en sí, adentro suyo. Y quizás aquel disco le sirva a la esfera para complementarse, para dilucidar cuanta magia contenga un ofrecimiento sobre zonas donde él sólo había podido ofrecer saturaciones.
Renunciando a ser, a conjugarse con esas partes ya existentes y sabidas, no podría comprenderlas. No podría ni asociarse ni entenderse. Su ensimismamiento, pese a las rigurosidades de vanas indiferencias, lo conducirían hasta renunciar de su realidad. De su realismo circunrodeante, de ese ambiente dado y locuazmente determinado por razones que desconoce y desespera conocer; por esas sentencias acerca de que así debería acontecer y librarse un axioma destinado.
Ninguna de sus partes, ese plano y volumen, ese disco y esfera, se encuentran. Se enfrentan calmamente hasta compartirse y unirse, hasta fundirse y funcionar como mecanismo electrificante. Se asimilan, se superponen: vacía la esfera colores primarios mientras el disco sus secundarios en derredor de él, blanco y negro, como paleta siendo elemento para colores de algún mundo pictórico.
Se conoce, entonces, la soledad del saturismo claroscuro hasta que mediado por vitaleza coloral puede reduplicar componentes. Las especies, los sentires: objetos y abstracciones cuando de por medio un nexo común hay.
Se reconoce, desde ahora, la posibilidad infinita para duplicar las euforias, desencantos o benemeritudes. Ese mundo que sabe existiendo, pero antes impedido para retribuirlo.
Y deja ya su renuncia; renunciando a su propia aislación para deificarse coloríficamente.
Y se libra en dimensiones siempre coexistiendo; aunque jamás imaginadas para poder compartirlas cuando los hombres lo han ignorado y hasta creído inalcanzable. Cuando no son ellos sino él quien desobedece para obedecer permitiéndose libre en sus manos adentro de cuevas saturadas con introspecciones.


Amanecer despertante



Duerme un sueño entre casas de carbón;
sueña espectros sobre leños amontonándose:
apilada organización considerándose posible.

Una sobre otra madera entre remansas carboníferas hay;
una sobre otra piedra ensimismadas en conjunto estático están:
en hogares con fantasmas robles,
en chimeneas ensoñándose para jamás despertar ni huir de oníricas representaciones egregias.

Duermen ilusiones soñándose invulnerables detrás,
velando una realidad diferente como órganon no optado.

Duermen ideaciones adueñándose impresentables delante,
reales como bosques sin arboledas.

¡Se incendia el hogar! ¡Se despierta el día!
Y amanece sobre montículos ese recuerdo.
Cenizas hay,
vagas humaredas quedan;
y ese onirismo persiste intuitivamente entre despiertos fuegos.

19/10/09

Corporal

Edades tiempo sacuden premonitorios ritmos sublevándote,
con brisas segunderas con vientos horáldicos.

Con desmanes, con pavor.
Los relojes ¡sanidades desarman!;
extienden manos en cabellos rígidos:
extenciones son que marchan horadando heridas con su ir y venir
(exhausto).

Con demandas con brazos entre piernas calmas se diluyen,
atan cabellos en manos encadenadas yendo,
viniendo:
parten hacia un fin principio donde la singularidad se interrumpe.

Y relojerías capturantes aturden liberalismos.
Y, mientras, qué nada desnude la convicción de tu vibrar orgánico,
¡qué hayan cuerpos con cuerpo y mejillas sobre voces encanto!
¡Sí!

Pero,
edades tiempo acompasándote desoyen librepensamientos de corporales brisas.
Sin sosiego, sin gracia.
Esa invisibilidad desnutriéndote expulsa sentidos materializados;
y, mientras, querés épocas con cuerpos de vientos inmedidos.