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22/11/09

Poesías





En cada texto hay expresiones que suelen tener cierta lírica. Tanto en los narrativos como en los poéticos. La expresión de cada uno -generalmente- es individual. Aunque demuestre un universo con vínculos hacia otros textos anteriormente escritos. Y por esto mismo se produce una polémica valoración acerca de una escritura tenida como original; aunque pueda ser innovadora según los parámetros inculcados en la época literaria donde haya nacido.
Hay reglas en los textos poéticos que conceptualizan, por su movimiento cultural, determinadas estructuras. Hay direcciones, y hay criterios. Por lo que se pueden circunscribir haciéndose concepto. Y de ahí, las críticas, y deducciones que los envuelven hasta emblematizarlos sobre un espacio y tiempo dado. Pero las reglas se descomponen y dejan lugar a nuevas expresiones entre marcos textuales. Entonces, no hay regla alguna cuando se contempla la plenitud del universo histórico donde la poesía se ha desenvuelto. O bien, hay reglamentaciones que se quiebran desarreglándose hasta permitirse regla unívoca de algún criterio más entre esos horizontes. Y esta contemplación podría demostrar que habrán, como han habido, infinitas variaciones: eternos desencuentros y hallazgos mediante fórmulas expresivas.
Entre éstas, cabe mencionar, aunque otras olvide, las que se distinguen por la representación de imágenes, las que prefieren cierta sonoridad, y las que buscan -mediante retóricos pensamientos- alguna claridad reflexiva. También existen poesías donde éstos, y otros más aspectos se asimilan creando un texto que contiene varias expresiones con diversa índole. Y el resultado en los lectores es –asimismo- variado; aunque siempre les transmitirán algunas sensaciones. Y éstas no son más que el resultado de dichas fórmulas; estructuras, conceptos hechos para expresarse.
Pero, deduzco desde lo antedicho, que cada texto es independiente y versátil. Por esto mismo han habido novelas escritas mediante versos: “El Martín Fierro” de José Hernández, y “La divina comedia” de Dante Alighieri. En donde transcurren tramas y acciones. En donde hay una actividad con personajes y situaciones que se desarrollan similarmente a los textos narrativos. Y éstos no son más que otros usos de la poesía para expresarse con sensaciones en obras hasta formularse. Y con lírica, o sin ésta, porque siempre se manifiestan sensiblemente.

20/11/09

Antídoto





Rumiaban desconsuelos corpóreos,
deshacían peticiones de socorros idearios.
Al saberse físico despeñándose desde ideales corpóreamente tangibles,
por ser sentido, por ser idea;
cuando cuerpos decaían donde interpretaciones ideológicas desvanecían en físicas en formulismos utópicos.

Dentro intelectuales órganos una cognición aguardaba,
se ocultaba;
inquieta se distendía envolviéndose con paradigmas irresolutos por quebrantes,
por resurgentes.
¡Al saberse invicta inculcación aguardándose desesperada!
y al conocerse irrespetuosa respetándose viviente.
¡Al reconocerse presente en ausencias improbables!
y al persistir implorante contra la rumia, y el desecho.

Una idea acuerda una corporeidad surgiendo,
y se establece ese antídoto contra despeños fallecientes.
¡Es continuidad, es seguimiento!,
contra cada idealismo decaído, y cada cuerpo rumiado:
emergimiento con sendero es todo antídoto naturalmente poseído para reanimar resucitamientos holísticos.

Petrificantes





Erosionan variaciones sobre quietudes desolando inquietamente. Cada aspa las derruye, las disuelve; carcomen las movilidades cuando no hay quién pueda ser distensivo, distender la inmóvil soledad desenvolviéndola en fragilidades siempre compulsivamente evaporables.
Las hélices de dádivas tan presentes, y cercanas como si adentro de rocas estén, arremeten contra piedades clementes; mientras se conocen petrificadas, y alineadas para la procedencia de ilusas perennidades. Las variaciones termales acaecen sobre éstas; las tempranas apariciones, y hasta las últimas desapariciones de mañanas noches sobre atardeceres entre crepúsculos eternos. La ejecución de toda variante sobre esas quietudes, en estas quietas rocas donde una vez hubieron existencias. Donde quizás hubiesen sido ágiles cuerpos yendo hacia otras variantes sin que los disuadieran, sin que expulsasen sus restos mientras inquietos hayan estado.
Erosionarán toda quietud pulsiones desde adentro, por afuera hacia el interior de cada reflexión contemplándose inmóvil. Resto indefenso, caída de protección. Decayendo las últimas genuflexiones quedarán polvos aireando el erosionismo; depredándolo con citas imprevistas, y asechos inquietos siempre con pulso insidioso con presiones afilándose con tenazas con cambios abruptándolo disuelto.
Los futuros lejanos olvidarán aquellas rocas. Esas ásperas agonías augurándose discordes por desconocerse perecederas donde las inquietudes coexisten para recordarlas vulnerables. Los tiempos acaudalarán secuelas de quienes han estado indemnes como gotas en ríos, como nubes en grises cielos. Las avaricias por permanecer aquietadamente desaparecerán cuando se sepan rocas erosionadas ante abruptas variaciones climáticas y vitales. Las resurrecciones perderán sentido cuando despierten insensatas enfrente de una vida sepultada en fosas sin fondo. Donde las restantes piezas de cada parte mimetizadas sobre existencias inquietas desolen rocas aquietadamente; dadas para disolverse ante erosiones de presión primeriza.
Erosionándolos nada quedaba de ellos. Los habían petrificado.
Los cuerpos habían corrido sobre carreras hasta saberse senderos entre bifurcaciones unidas. Lo inusual, alguna quietud; lo inaparente, cierta detención.
Pero sus movimientos habían trepado, saltado y hasta entumecido petrificaciones. Pero hasta que los habían hecho roca: piedras por el simple motivo de que en cambios se hallaban. En las mismas variaciones, en los mismos aires.
Esos movimientos, esos andares; esas dilucidaciones para buscar petrificar al resto, en ellos mismos se habían ejecutado. Ellos se habían convertido; pero no por sí mismos. Ni por quererlo, ni por haberlo ansiado tal vez ante algunas vistas acerca de las implicaciones de los sucesos: lo variado acometió.
Los hombres libres, en rocas, petrificados quedaban siendo potente fuerza para atravesar siglos. Los pedregosos pujes hacían despóticas firmezas para retribuirlos perennes.
Y lo aislante, esa soledad instaurada, agonizaba por ser piedras de roca inmóvil. De un tiempo invariable, de cambios indiferentes, prometiéndoles deshacer solitarias pendencias devolviéndolas hasta inquietudes erosionadas en libranzas.

13/11/09

Ojo, ve


Mirares desde nauseas desven,
cohíben y destituyen una realidad veedorista.

Miras sobre miramientos miran sin visiones por delante,
y sin auge visible al mirarse ojo desgreñado;
ojos despeñándose desde cejas pidiendo auxilios contemplándose obtusas.
Por delante con visiones miran miramientos sobre miras;
una visión de ojo que ve,
de ojos interpretándose vista que mira contra condenas de cejas donde obturan veedoras presencias.

Nauseabundas miras desleales fictician esa realidad;
tu ficción por saberte mirante, y no visto, y nunca de quien ve.

Ojo, ¡ve!
Hacé tu contemplación sobre sostenidas rarezas;
vé, ojo, hay una realidad permitiéndote verte comprendido.
¡Vayan, ojos, delante de mirares!
Vayan hasta destituirlos cuando viendo se sepan realidad.


Cuero caído


Decae su organismo viéndose cuerpo natural. Sin venas detrás de pieles las arterias se distribuyen caóticamente en plurales controversias impremeditables. Derrama el corazón su pulso, y realzan músculos la queriente ambición de perdurar aunque sin cuero esté.
Es estructura de huesos ornamentados con rojos y blancos, mientras verdes y azules intentan una tensión para establecerlo –asimismo- vital, perdurable y permitido: naturalmente posible sobre mundos donde sin cuero no podría pararse. Ni detenerse ni inmutarse: sin experimentarse humano. Y es una criatura sin piel sobre sí, sin cobertura ni composición apenas densa. Sin ningún presente arraigo que mantenga firme su esbeltez orgánica.
Anda sin verse por osada ansia de querer ver su propio interior auténticamente, como si las pieles nada significaran. Ni siquiera una implicancia para concluirlo, para terminarlo corpóreo y protegido. Porque su deseo había deshecho la propia integridad hasta que ese desafío por verse más natural lo había seducido; y hasta devuelto sobre realidades que nadie ha visto ni creído posibles, mientras él las destinaba siendo irreversible desenfreno hacia la contemplación de su vitalismo.
Ningún señuelo calmo había socorrido su vorágine, ninguna tentativa de ver hacia otras interioridades; otras direcciones, planeamientos donde la planimetría no fuera su organismo. Ningún destino había intercedido, ninguna mácula divina ni endemoniada había dictaminado aquella lineación por él ejercida. Y sin vaticinios lo hizo.
Lo ha hecho, aunque solo. Alejado de compañías, de quienes jamás comprenderán aquel polémico acto. Ellos andarán con las mismas organizaciones por dentro, como él mismo, aunque con pieles por fuera. Finalización de hombres, término de toda construcción natural mientras él persistirá ufanando ver más, mayores interioridades orgánicas. Y ellos, mayores elucubraciones de lo que la natura ha podido hacer con pieles de la misma piel humana.
Serán hombres, con cueros se los ha pergeñado para andar. Serán y han sido especie humana: civilización en construcción, y desarrollo evolutivo manteniéndolos aislados de presunciones impulsivamente atroces; por proseguir inspeccionando cuando la naturalidad elaboradora los ha ya diseñado. Ya destinados, ya previstos. Ya liberados para no desentenderse cuando ésta es quien esbeltiza los cuerpos impidiendo caer en actos inhumanos.
Son y serán hombres. Aquellos, esos humanos cuando la piel detalla el fin constructivo, la egregeidad obrando audazmente; y con el sabio conocimiento de mileños desarrollándose.
Serán, son y han sido sólo hombres quienes lo vean decaer mientras eleven sus cuerpos con pieles de tez civilizante.

09/11/09

Cuando las almejas cierran




Adentro o afuera del cosmos, de la almeja; afuera y adentro, libre y cautivamente cuatro partes de un supuesto universo atraviesan etapas. Con ansias y tratos no siempre hallados; ni mancomunados como su inicial idea que acerca de la unión han tenido. Y creen en ser protagonistas de sus propias decisiones cuando, por sucesos intuidos y tan ajenos como las mismas incomprensiones, dudan. Y hasta llegan a considerar benéficamente atroces acontecimientos, y polémicos por desconocidos.

06/11/09

Descalza zapatilla




Caminaba;
andaba descalzo, caminaban sus pasos huellas hasta reconocerse perdidas en instantes.

Caminaban sus caminos sendas olvidadas sobre caminatas donde caminaba.
Los rastros eran memoria,
eran recuerdos del presente pasado olvidándose durante futuros:
infinitud caótica reanimándose en tiempos impredecibles con predilección subjetiva entre objetivas situaciones desconcertantes concertándola disuasiva caminata.

Andaba descalzo;
caminaba intactamente perdiéndose y conociendo rastros de pasos caminados.

Andaba, ¡anda!
¡Trepan sus huellas las escalinatas de un perfil díscolo!, inconceptual por serlo.
Camina, descalzo caminan sus cordones una zapatilla que será andada por suelos caminantes.


Potencial farístico



“Por el amor de los faros.”


Entre mareas iluminan con rumbos los lineamientos a seguir. Debajo de cada ola, y sobre superficies donde tempestades nauséan ante rugimientos por luces dadas. Debajo y sobre, entre océanos de intemperies donde desconcertadas fragatas temen naufragar.
Soy ese faro, firme brújula, tenaz edilicio orgánico en perpetua contemplanza ante los divagues de aguas siempre movedizas; y nunca, jamás pacientes como tenues lagos donde poder asimilarse aquietadamente. Porque si bien esta labor es iluminar disidencias y desmanes ocurrentes cuando marinos se libran para auxiliarse con arribos socorrísticos, podrían haber optado no serlo, navegar donde no hubieran mareas; y sobre calmas climáticas darse hasta que viajes y libertades no se contrapusieran ante conflictos irremediables. Pero faro soy. Uno más sobre su orilla, ante la vacuidad de miramientos de quienes prefieren atravesar abismos sabiendo qué podría sucederles. Aunque no, nunca, cómo librarse sin riesgo alguno. Ni siquiera cuando ahogos de por medio puedan extinguirlos. Ni siquiera sabiéndose vulnerables plenamente por decisiones naturales: agua sobre aguas componiéndose aguacerío sobre un fondo sobre sus propios fondos destemperando torbellinos en tremendez armónica.
Soy ese faro, ese que está debajo de los cielos y sobre tierras donde la frontera es desmán en simples orillas con convulso vaivén; siempre yendo hasta venir, en continua demostración formulándose perpetuidad de hegemonía oceánica.
Soy ese faro, un objeto tan solo, tan distante –aunque útil-, soy esa imprescindible construcción humana ante humanas apariciones revelándoles rumbos para no olvidarse ni perderse entre mareas.
Soy un faro, potente, y tanto como para que nada disuada las fragatas. Permitirles su arribo, su navegar: hacérselo.
Y desde mareas los navíos habían llegado hasta su puerto. Habían estado bajo tempestades y compulsivamente desanimados por temores que aguas doblegantes hacían por doquier. Cada barco había llegado a su puerto, cada viajero a su hallazgo. Cada rumbo a su destino: toda búsqueda fue encuentro.
Había hecho la luz potencial librada desde mí, rutas sobre inclemencias; caminos para desahuciados y sendas para presas de ahogos. Había no solamente guiado a los navegantes; sino a las mareas, a los vientos, a los vendavales. Y sólo para impedir que aguas disuadan los destinos propios, decididos por cada uno. Aunque hayan sabido, aunque hayan considerado irremediables accidentes por delante.
Había sido ese faro, movimiento de subidas y bajadas, templador de huracanes y acallador de furia ventosa. Lo había sido, lo fui. Lo fui hasta que habían comprendido que sólo dejando objetos sobre aguas siendo faro podría guiarlos, encauzarlos simplemente ordenando aquellos océanos ya domados.
Solamente un faro fui; un objeto: elemento construido, diseñado y elaborado para compenetrarme con otros objetos dándoles rumbos a seguir, continuar y hallarse linealmente contenidos.


01/11/09

Contornos de sed



Bordea toda sinuosidad un espasmo hallable,
limítrofe por parcelado por ahíto por desesperación aguardando.

Pero tendrás imposibles,
obteniéndote capaz entre fronteras claustrurándote.
Pero tendrás cauciones,
apresándote furia desatinada adentro como vidrios estallando al vapor de esa combustión.
¡Detendrás lo indetenible!,
lo imprevisto cuando te sorprendas con sedes compiladas sobre vasos en tu ansia mediada.
Y avanzarás retrocediendo adelantándote cuando te encuentres amparado y libre,
libertario y acompañado.

Aquellos anhelos, tus hambres fueron;
esas disuasiones, acervadas, desérticas guarniciones procuraron alentarte;
esos esperandos, esos bordes donde caído te olvidaste visionándote creyente,
¡contornos de sed!,
simples inclinaciones siendo toda sequía impulso mismo.


30/10/09

Tono implícito



“Ying y yang”.


Explícitamente lo recuerda en blancos y negros patentes. Reviven insinuaciones su emblema tonal; claroscuros, límites: extremos. Aunque simbolice fronteras con nimios despuntes de equilibrio, una estática simbolización resguarda al verlo añejo y eterno.
Pero ni siquiera sus elementos pueden devolverle apenas conformidad mientras persiste su intento, su añoranza para querer revelarlo; verlo tanto quieto como en movimiento: libre. Entonces se presenta adelante, lo observa y analiza. Estudia variaciones para comprender si es que ciertas implicitudes debajo contenga, mantenga. Ve su libertad aquietada, aunque su cautividad respaldada durante siglos de acuerdo a costumbres, tramas educadoras y tradiciones inexorablemente respetándolo.
Pero insiste. Está inquieto, caviloso y dubitante: está contemplándolo. Y lo ve adelante. Lo escruta desde varios aspectos: desde el suyo, y del de aquellos. Y quizás hasta remueva su impasibilidad por no poder hallarlo acertado mientras quieto esté. O tal vez modifique su misma apreciación revolviendo su mirar hasta saberse librepensante con una cuota de tergiversada movilidad.
Se revolucionarán sus sentidos. Verá lo oculto, esoterismos adentro explícitos aunque por afuera inaparentes. Verá su apreciación la fisonomía jamás hallada, ni posible para verificar; porque serán siempre las suyas esas opiniones amparadas sobre ansias revelatorias, audaces.
Nunca podrán contrariarlo, ni oponérsele. Hará un análisis, un decodificado vislumbre sobre esas parcelas inmóviles donde muertos tonos se comparten tan sólo con un punto demostrando el equilibrio ideal cuando la realidad es y será –como lo ha sido- siempre continua, activa, en movimiento perpetuo.
Se resolverá recordándolo asimismo latente y patente, ideal y real. Reconocerá ambivalencias cuando en frente lo vuelva a ver; pero hasta que rememorice, lo recomponga y se establezca analítico como hombre racional atravesando mileños mediante esa atrevida posición.
Será un gris lo que siempre volverá a ver cuando detrás de blancos y negros la mezcla funda la vitalidad oculta del emblema; siendo implícita realidad, aunque explícitamente demasiada ideología demuestre.
Será su recuerdo el esfuerzo por querer descifrarlo, desmitificarlo y ponderarlo como un aprendizaje que solamente a él sirva, retribuya, aunque con tono implícito.