14/07/09

Testigo

Mientras el accidente concluía con azarosas remanencias nada había permanecido real. Demasiados atropellos subrayaban los lindes de cada estructura conocida y por ser aprendida. Y nada dependía ante nadie mediante un título comprensible.
Durante la brusca trascendencia que había desarmado toda cordura, no se podía siquiera sospechar acerca del efecto causante. Es que por haberse elaborado sin preámbulos ni anticipación alguna, nada había sido tan clarividente como ciertos crepusculares regadíos tormentosos de una sola noche. Nunca se han podido desentrañar los enigmáticos vendavales cuando un desierto seca y estampa con ciñes desconcertantes.
Cada uno presumía que aguaceros de azuladas caídas iban a componer y demostrar qué fue el primer determinio de tanto impacto contra sí, y desde sí hacia éste. Porque se creían efectos del conflicto (ambas partes) -por desconocerlo-.
Las eminentes brusquedades de todo diluvio en nada podían compararse con este accidental sitio donde habían dejado sequedades cuando siempre han habido aguas refrescando.
Nada, nada ni nadie atiende cuando aparezco. Si les digo que no ha ocurrido nada ni siquiera responden ni refutan: ignoran. Los desintereses prodigados hacia mí al comentarles que no hubo suceso alguno son los desenfrenados rocíos donde estoy estático entre sus suposiciones sobre lo acontecido. Pero nada ha sucedido.
No les mentiré ni diré la verdad mientras continúen arguyendo sobre un verosímil accidente. Ni siquiera divagaré. Porque al ser yo el testigo, jamás podré narrarles acerca de lo que pudo haberlos afectado. Nunca diré qué o cómo pudo haber sido causado, porque los testimonios reales no creen en sí mismos: hay una eternidad concatenada de situaciones donde ninguna adquiere mayor relevancia que otra.
Y siendo mi verdad tal anochecer nublado desperdigando las tormentas que secan, callaré este comunicado que sé sensato y fehaciente, contemplado por las noches con huracanadas inmortales. Cada uno persiste opinando sobre la realidad del accidente. Lo creen tan cierto como los desiertos sin arena que espolean nubes. Lo mistifican.
Persistirán creyendo en que son testigos mientras no atiendan ni oigan las verdades de un torbellino con agua húmeda.

7/07/09

Trascendencial

Durante las búsquedas inmortales toda máquina fingía. Secreteaba su imposibilidad ante la realeza de organismos vivos, de espacios libres contra las intervenciones que pudiera dar. Y sin detenerse, ni rendir cada mecanismo estructurales influencias sobre los coetáneos, en busca de eternidades se enfebrecían.
Alrededor de metálicas cajas, y bajo los fondos y sobre alturas, habían cobrizas maderas intentando comunicarse. Desde la roja sabia descendían esas ramas para proponerles un manifiesto, el suyo. Habían dejado sobre cada cuerpo ferroso, misivas que en pétalos de cobre bruñido caían. Por debajo, las mismas tentativas se habían ofrecido con raíces de maleables marrones. Y en su derredor tanto tallo crecido hacía trazos que débiles doraban el maquinario universo de órdenes hacedoras.
Mientras las maquinarias –en vano- habían continuado su labranza para alcanzar atisbos de inmortalidad (que mediante construires pudiesen obtener), la marea de seres reflejados por el durazno atardecer concretó la proclama. Dijo que jamás habrá dicho término eterno, ni apenas insinuante o iluso; porque siempre en esas arboledas reflejadas quedará. No en máquinas, ni en sus objetos producidos: toda elaboración habrá de perecer ante la candencia de los reflejos. Es que siempre han estado circulando, acá o allá jamás han desistido. Nunca un tronco se ha podido alejar de su sombra mientras el sol refleja sobre su corteza, memorias; remembranzas entre encuentros tan distantes y tan cercanos como su misma velocidad instantánea.
Durante la búsqueda por trascender, y ante la compostura de tan fidedignas inmortalidades presentes, las máquinas habían seguido puliendo sus elementos. Y hasta habían hecho otros más, de mayor complejidad que tal vez alcanzaran la concreción de valores por fuera, sobre la historia de esta vida reflejada en cada ser viviente.
Pero aquellos trazos habían continuado (desde tallos blandientes) reflejando el manifiesto que pronto, que dispuestos estaban ya para delegar en otros la razón inmortal.

29/06/09

Director

Dirigís la legua de tus movimientos, y ardua dirección donás hacia seguimientos. Estrechás juntas y desvanecés tus murallas, y ruda dirección das hasta persistir con sentido. Pero un direccionalismo colapsa con sus medidas ante vos. Lo temés tumultuoso aunque sereno, pendulante y quieto; ¿será el tiempo? Y ya optás sabiéndote medido desde principios hasta fines; ¿serán tus tiempos? Habrán límites cuando decidas cómo y por cuál sentido darte, frente a ese director ajeno enemistándote con un duelo.

23/06/09

Silencio

Sonidos exaltan contrapuntos en diapasones, timbres internos. Una música vierte armonías y clama percibirse, aunque otra razón oiga. Y las cuerdas tensan, y los acordes suenan ante mí con indiferencia sentida. Unos arpegios zancan predilectos e incitan persuasión, aunque otra sensación por dentro diga, hable, converse y conmueva reconociéndose silencio.